Quiero un amor de todos los instantes
aunque no sea amor para la vida;
quiero un amor con la ansiedad del antes
para después del ansia desmedida.
Quiero la fe de todos los amantes
en este solo amor, ver contenida:
tumulto de horizontes trashumantes
y luego, claridad de agua dormida.
Quiero un amor transfigurado en fuente
de todo florecer: fruto y simiente;
a tal único amor, mi amor sentencio:
aquel de la impaciencia y el latido
y la fiebre y el grito y el gemido
y el difícil momento del silencio.
lunes, 11 de mayo de 2009
Julia Prilutzky Farny - Soneto X
domingo, 3 de mayo de 2009
Vicente Aleixandre - Unidad en ella
" Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo. "
viernes, 1 de mayo de 2009
Jaime Gil de Biedma - No volveré a ser joven, de Poemas póstumos
" Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.
Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra. "
jueves, 19 de febrero de 2009
José Maria Parreño- Lluvia
De todo lo que vuela y nos hace sufrir,
nada más compasivo y simple que la lluvia,
nada tan frágil y a la vez tan invicto
y nada con su misma promesa de frutos y verdor.
Mírala,
como un mar derrumbado,
como ruinas de una atmósfera de agua que existió.
Muchas veces me empapa de nostalgia y me hace nudos
que escuecen al tragar.
Será porque la lluvia
cubre bosques que has amado conmigo,
nos ha mojado juntos, imparcial, minuciosa,
en lejenas provincias junto al mar.
Y para siempre tendrás lo que te he dado,
de mi regalo nunca podrás huir
ni devolvérmelo.
Y cuando llueva, cada gota en tu cuerpo será un beso,
un beso que no pude nada a cambio,
que atravesará los impermeables, los paraguas,
diciéndote con su idioma monótono y dormido
que te quiero.
jueves, 12 de febrero de 2009
Oscar Acosta - Formas de amor
"Niña invicta,
te he visto ya en las onzas españolas"
Medardo Mejía.
Mis manos tocan, niña mía, tu rumorosa piel,
tu dulcísima carne que tranquilos ángeles habitan,
tu cabellera suave,
tu corazón pequeño.
Oye la campana del día
apagando el luto de la noche
mira la luz que silenciosamente nos cubre,
mira el cielo:
ese jardín sobre tu pecho;
respira el aire quieto
que el ruiseñor anuncia con su lanza,
conduce tu desamor
a un lago sepultado
y háblame con tus labios excelsos.
Llegué a sentir sobre las manos
el agua efímera,
el verano derribando sus torres,
el abismo cerrando sus ventanas,
el fruto abandonado,
el mar abriéndose las venas,
el fuego hundido,
hasta que tú, niña mía,
perfecta virgen repetida,
me entregaste tu rostro.
Veo de cerca la copa
confusa de las aguas,
busco tu claro nombre entre las rosas,
tu dulzura en la esencia de los árboles,
tu vigilia en el beso,
tu olor en los duraznos,
tu luz en el rocío
y me doy cuenta sorprendido
que todo me lo traes, niña mía,
con tu mano sagrada
domingo, 8 de febrero de 2009
Dolors Alberola - Oh, Guernica de mí
Me miro en el espejo de la muerte y soy de agua.
A mi través, la memoria de las cosas.
Me miro en el espejo. Nada queda de mí,
todo te lo he entregado. Mis pies, dos barrizales donde desando todo.
De pronto retrocedo, me sitúo en Baelo:
era tiempo de amor, de cuerpos cuyas células sabían encendidas.
De amigos, cual caballos, que luego se murieron
-amigos que trotaban con fuerza de caballo, que rompían el viento
con sus imágenes rudas, que eran minerales-
y se volvieron fósiles. Así es el amor
-como un toro del sur, asaeteado irreverentemente,
como un viento del sur que golpea en la cara-.
Me sitúo en Zahara, contra mis pies descalzos, mi cintura
de maizal, de peces, de manos prolongándose hasta llegar al pubis,
de ortiguillas de mar filamentadas. Me sitúo en la fuente del amor,
abro ardientemente mis dos labios, libo de ti
cuando aún no existías. Hubiera sido un reto matemático
-con cuerpo de vestal aún ofreciéndose,
manzanas con pezón, envenenadas de aire a contrabeso-,
te hubiera derribado. Hubieras sido mío en este sur
-igual que lo es el toro, con su sangre desnuda, con su fuerza desnuda
de caballo de azufre, de noche con las astas,
de tizne de patera enloquecida-,
te hubiera derribado contra mí, como un agua silente que luego jadeara
y luego y luego y luego silenciara ese grito que no duele,
lo gritara con fuerzas, elevara el teatro el circo el foro, fuera piedra.
Me miro y es tu rostro el que adivino,
mojado entre mi cuerpo -aquí, en el sur,
con el levante muerto de mi sur durmiendo entre tus piernas-.
Columnas que se elevan, tal foro, y esa voz
que me llama constante y se apodera
de mi carne que es agua -mientras veo
mi rostro en el espejo de la muerte,
que se parece a ti-. Apuñalada y muerta en este sur
-igual que está ese toro y el caballo de furia del amigo
y tu envolvente amor: que no es, porque lo acallas,
porque fusilas todo y muerdes carne,
arrancas mi memoria que, a jirones,
como el toro en la plaza del sur Sur,
se desgarra de amor, se torna grito,
aullido que arrastra hacia la noche
de una mujer de sal, cuyos pechos candentes se derraman
a sedimentos, piedras, bóvedas,
angulares tejidos, convertidos
en la playa rocosa que agoniza
en los baños de Claudia.
Sola agua, sola agua de amor, el solo grito.
Sólo un ojo. Una sola pupila recreándote.
Unas manos segadas con la ausencia.
Un cuerpo deshaciéndose. Licuando su absoluto.
Mojando la distancia de saberte. Chorreando de amor.
Ahogando el dolor, como una barca
que zozobra -y la luna
te muestra solamente extremidades,
diminutas serpientes, dedos, manos
agarradas a velas como labios,
a velas como sexos,
a la saliva seca del amor-.
Agarrada de ti como ese cuerno de la res compartida,
de la España troceada que vivimos,
de la música cruel que se separa en notas.
Sólo un perfil -el tuyo, que se parece al mío-.
Una boca que, muerta, se restriega en el suelo.
Oh Guernica de mí, oh toro muerto.
Oh España atravesada. Oh Sur desposeído de este sur.
Oh patera de muerte, infierno grave
en las calles más bellas de Sevilla.
Oh Al-Ándalus. Tú, que serás mi muerte y mi despiece,
carnicera de mí, carnicera de mí, mi sola vida, el sueño.