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martes, 5 de mayo de 2009

viernes, 1 de mayo de 2009

Paul Auster fragmento de La habitación cerrada

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Vagabundeé mentalmente durante varias semanas, buscando la manera de empezar. Toda vida es inexplicable me repetía. Por muchos hechos que cuenten; por muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a ser contado. Decir que fulanito nació aquí y fue allá; que hizo esto y aquello, que se casó con esta mujer y tuvo estos hijos, que vivió, que murió, que dejo tras sí estos libros o esta batalla o ese puente, nada de eso nos dice mucho. Todos queremos que nos cuenten historias, y las escuchamos del mismo modo que las escuchábamos de niños. Nos imaginamos la verdadera historia dentro de las palabras y para hacer esto sustituimos a la persona del relato, fingiendo que podemos entenderle porque nos entendemos a nosotros mismos. Esto es una superchería. Existimos para nosotros mismos, quizá, y a veces incluso vislumbramos quiénes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan; nos volvemos cada vez más opacos; más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la frontera que lo separa del otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a si mismo.

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César Millán - EL ENCANTADOR DE PERROS

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martes, 17 de febrero de 2009

Alessandro Baricco - Seda

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Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin.

Libro

domingo, 15 de febrero de 2009

Alexandre Dumas - La hermosa vampirizada

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Una noble dama, Edvige, expulsada de Polonia por reyertas políticas, debe refugiarse en los Cárpatos rumanos, y asilarse en el monsterio de Sabastru. Ya en las montañas es asaltada por una banda moldava, queda a resguardo del joven señor de la región, Gregoriska. Éste, su hermanastro —Kostaki, que comanda a los bandoleros de la zona—y su madre, la princesa Smeranda, dueños de la región, libran una sorda lucha centrada alrededor de Edvige.

Es Smeranda quien puede resumir con precisión la circunstancia que se vive en el castillo: "—Gregoriska, ..., bien sé que tú eres un Waivady por parte de tu padre, y él [Kostaki] un Koproli por parte del suyo, pero por parte de vuestra madre sois ambos de la sangre de los Brankovan. Sé que tú eres un hombre de ciudad occidental y él un hijo de las montañas orientales; pero por el seno que os llevó a ambos, sois hermanos."

Fruto de su segunda unión, la princesa Brankovan prefiere a Kostaki, fruto de la pasión, sobre Gregoriska. Por eso ella pretende que Edvige acepte los requerimientos amorosos de Kostaki, aunque por tradición sea Gregoriska quien debe gobernar el principado. Sin embargo, ajena a su influencia la bella Edvige y Gregoriska se descubren su amor y se expresan su deseo de matrimonio.

Ella prefiere la dulzura del mayor a la brutalidad de Kostaki, quien es visto por ella como un cruel salvaje. No obstante, evitará todo enfrentamiento con la castellana y buscará cumplir de manera cabal con la hospitalidad y protección que se le ha ofrecido.

El desenlace de la historia se precipita el mismo día de su boda, y víspera de su partida: Gregoriska la ha convencido de la conveniencia de huir al extranjero y abandonar todo para —lejos de toda rivalidad—, ser felices.

Libro

sábado, 14 de febrero de 2009

Burgess Anthony - La naranja mecanica

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Alex y sus drugos viven en una Inglaterra futurista, en la que los jóvenes se divierten a base mediante peleas, asesinatos, palizas y violaciones. En una de sus múltiples noches de “ultraviolencia” Alex, el cabecilla de la pandilla, es detenido por la policía y llevado a prisión. Allí, con la intención de rebajar su condena, aceptará ser usado como conejo de indias para un nueva terapia que conseguirá, en teoría, acabar con la delincuencia.

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viernes, 13 de febrero de 2009

Antonio Muñoz Molina - Carlota Fainberg

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Dos hombres que sólo tienen en común la nacionalidad y que no volverán a verse nunca, mantienen un encuentro repentino en una sala del aeropuerto de Pittsburgh. Uno de ellos es Claudio, un profesor de literatura que se dirige a Buenos Aires a dar una conferencia, a quien Marcelo, extrovertido ejecutivo de una empresa que espera vuelo a Miami, cuenta una historia secreta que vivió en un hotel de Buenos Aires

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Jean Paul Sartre - La Náusea

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La novela La náusea del francés Jean-Paul Sartre fue escrita por el filósofo existencialista a partir de 1932, aproximadamente. Inicialmente era para el autor una tentativa por encontrar una clarificación a uno de los temas que caracteriza sus etapas ideológicas y filosóficas: la contingencia. Su título no era La náusea sino Melancolía. Ésta, su primera novela, pudo haberse visto frustrada no solamente por la dispersión intelectual y los afanes investigativos del autor, así como por sus preocupaciones de tipo moral personal y su participación en el servicio militar, sino especialmente por su anhelo de lograr la creación de una obra en la que ampliaría en detalle su concepción sobre la contingencia. Fue Simone de Beauvoir, como lo narra en La plenitud de la vida, quien lo convenció de que abandonase esa larga y abstracta meditación sobre la contingencia, dándole al personaje central, Roquentin, una dimensión novelesca.

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